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12/01/2015
Depilación definitiva: Si el paciente puede sufrir quemaduras, entonces el tratamiento no es “inocuo”
La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil confirmó la sentencia que condenó a un Instituto Médico y al médico interviniente por las quemaduras que sufrió la actora, al someterse a un tratamiento de depilación definitiva. En la publicidad se precisaba que “el tratamiento es indoloro, y no tiene efectos colaterales, no mancha la piel y se puede realizar en cualquier parte del cuerpo”. El Tribunal, entre otros fundamentos, consideró que el Instituto demandado es “una proveedora de bienes y servicios, y la actora una consumidora, en los términos de la ley 24.240. Y, a más de las previsiones legales, es obvio que al proveedor de servicios y aun al profesional médico los ata la publicidad.” TEXTO COMPLETO DEL FALLO
 

Así lo resolvió la Sala L, en los autos  “C., C. V. C/ INSTITUTO QUIRÚRGICO LASER S.A Y OTRO S/ DAÑOS Y PERJUICIOS – RESP. PROF. MÉDICOS Y AUX.”

El caso trata el reclamo iniciado por C. V. C. contra Instituto Quirúrgico Láser S.A. y el Dr. M. H. D., con motivo de los perjuicios derivados de un tratamiento de depilación definitiva, ocurridos el 6 de diciembre de 2007.

La actora había contratado un tratamiento de depilación definitiva que se realiza con una máquina denominada “Vasculight”. El tratamiento, publicitado como inocuo, culminó con quemaduras en la cara interna posterior del muslo izquierdo de la actora.

En primera instancia se hizo lugar a la demanda, lo que fue apelado por los codemandados.

En la Alzada, el vocal preopinante fue el Dr. Liberman, quien comenzó por señalar que en materia de cirugía de mero embellecimiento las obligaciones del médico son de medios o diligencia. Pero en cualquier caso esos medios y esa diligencia implican el cumplimiento de una serie de etapas o deberes que exceden la mera aplicación de la técnica. Justamente porque, como principio, son tratamientos poco o nada necesarios (y esto sin entrar a juzgar la motivación psicológica o el estado anímico del paciente y el entorno cultural, ver Lovece: “Tratado de daños reparables”, dir. Ghersi, coord. Weingarten, La Ley, Buenos Aires, 2008, tomo III, pág. 225 y sig.). De allí la importancia del deber de brindar acabada información.” (la negrita es nuestra)

Al respecto, en autos no existe la menor prueba de que la actora haya sido informada debidamente de los posibles riesgos. Y la carga de este extremo está indudablemente en cabeza del médico y de la institución.

Muy por el contrario, lo que se lee a fs.. en el “aviso” en Internet hace pensar en una absoluta inocuidad. “El tratamiento es indoloro, y no tiene efectos colaterales, no mancha la piel y se puede realizar en cualquier parte del cuerpo”. Huelgan comentarios.” (la negrita es nuestra)

Asimismo, y en respuesta a uno de los agravios del médico codemandado, “toda vez que el “instituto” prometió un tratamiento indoloro y sin efectos colaterales ni manchas en la piel, el médico transgredió las normas deontológicas de la medicina. Cuanto menos –en este caso especial- debió existir prueba de explicación de riesgos.” (la negrita es nuestra)

Por otra parte, “además del cuestionamiento a la actuación médica también está la de una empresa comercial que funciona bajo el tipo de sociedad anónima y que, como tal, tiene finalidad lucrativa. Se dedica a prestar servicios y atención médica, como pudo tener cualquier otro objeto social. Es una proveedora de bienes y servicios, y la actora una consumidora, en los términos de la ley 24.240. Y, a más de las previsiones legales, es obvio que al proveedor de servicios y aun al profesional médico los ata la publicidad.” (la negrita es nuestra)

Por último, el camarista añadió que “el tema en estudio no radica exclusivamente en la culpa del médico, sino que se suma la utilización de una cosa riesgosa o viciosa, la máquina denominada Vasculight. Sea por mal funcionamiento, anomalías no detectadas previamente, mal empleo o cualquier otro motivo, fue lo que terminó complicando la vida de la actora, quien había contratado un inocuo tratamiento de depilación definitiva que culminó con quemaduras en la zona del cuerpo descripta por la actora y que dan cuenta las fotografías acompañadas en la prueba anticipada que tengo a la vista y en la perica médica obrante…

Creo que si la responsabilidad profesional –médica, en el caso- es llamada por reparación de daños causados con cosas o por la utilización de cosas riesgosas o viciosas, no es necesario que la parte actora pruebe un factor subjetivo de atribución. Puede haber una presunción de culpa o, directamente, de responsabilidad en los términos del art. 1113 del Código civil o, simétricamente, por la obligación de seguridad que el profesional tiene hacia el paciente. Cuando el médico utiliza una cosa riesgosa o viciosa es también deudor de una obligación de seguridad contractual de resultado. Es un caso similar al que se presenta en la esfera extracontractual con el art. 1113 (conf. Bueres, su voto en CNCiv., Sala D, 24-6-99, “Lovato c. Asistencia”; J.A. 2000-III-615).” (la negrita es nuestra)

Siendo compartido este criterio, se resolvió confirmar la sentencia de grado en todo lo que ha sido materia de agravio.

Dr. Jorge Oscar Rossi

 

Abogado (U.B.A.). Director del Boletín Jurídico del Colegio de Abogados de Morón. Profesor Titular de la asignatura Régimen Jurídico de los Consumidores y Usuarios y Adjunto de Obligaciones Civiles y Comerciales, Contratos Civiles y Comerciales y Derechos Reales en la Universidad Abierta Interamericana. Autor de “ Responsabilidad Civil & Daños ”, de Ediciones D&D, año 2009

 
Archivos Adjuntos:

DESCARGUE EL FALLO COMPLETO (FUENTE: www.cij.gov.ar)

 
 
 
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